Creemos que todo comienza con una relación con Dios. Más que conocer acerca de Él, queremos ayudar a cada persona a encontrarse con Dios, experimentar Su presencia y crecer en una fe viva que transforme su manera de pensar, vivir y relacionarse con los demás.
Nuestro deseo es que cada servicio, estudio bíblico y encuentro sea una oportunidad para acercarnos más a Dios y conocer Su corazón.
Dios no nos llama a vivir escondiendo nuestras luchas, heridas o cargas. Creemos en una comunidad donde podemos caminar juntos con honestidad, oración, gracia y apoyo mutuo.
La libertad comienza cuando llevamos nuestra vida delante de Dios y permitimos que Él sane, restaure y transforme aquellas áreas que nos mantienen atados. No caminamos solos; crecemos en libertad dentro de una comunidad que ama, escucha, ora y acompaña.
Cada persona ha sido creada por Dios con dones, experiencias y capacidades que pueden ser usadas para Su gloria. Parte de nuestro llamado como iglesia es ayudar a las personas a descubrir esos dones, desarrollarlos y encontrar oportunidades para servir.
No queremos que nadie sea solamente un espectador. Queremos ver a cada persona crecer, ser equipada y caminar con confianza en el propósito que Dios ha puesto en su vida.
Dios no nos bendice solamente para nosotros mismos. Él nos llama a llevar Su amor fuera de las paredes de la iglesia y a convertir nuestra fe en acción.
Hacer una diferencia significa servir, amar, ayudar, dar esperanza y usar lo que Dios nos ha dado para impactar nuestras familias, nuestra iglesia, nuestra ciudad y las comunidades que nos rodean.
Queremos ser una iglesia conocida no solamente por lo que cree, sino también por la manera en que ama y sirve.